El misterio de la Pirámide del Sol de Teotihuacán

El misterio de la Pirámide del Sol de Teotihuacán

Teotihuacán en Línea Teotihuacán. Hanako Taniguchi. Casi 2,000 años después de ser construida, la pirámide del Sol sigue siendo un enigma. Nadie sabe con certeza para qué la edificaron. Ni siquiera se conoce cuál era su nombre original. Cien años después de los primeros trabajos arqueológicos en Teotihuacán, los descubrimientos continúan: encontraron en su cima una escultura de Huehuetéotl, dios del fuego. Este reciente hallazgo origina nuevas preguntas sobre la segunda construcción más grande del México prehispánico.
Cuando los aztecas llegaron a Teotihuacán solo vieron un lugar abandonado. Creyeron que en esta ciudad se había creado el Quinto Sol, o el mundo como lo conocemos hoy, y que para conmemorar este hecho se habían erigido las pirámides que bautizaron como la del Sol y de la Luna.
Durante mucho tiempo la pirámide del Sol estuvo oculta bajo un montón de tierra y árboles. Hace 108 años, cuando se llevaron a cabo las primeras excavaciones oficiales, parecía un cerro, según se narra en las crónicas de la época consultadas por Rubén Cabrera, uno de los arqueólogos que más ha estudiado Teotihuacán.
En 1905, como parte de la celebración del centenario de la independencia de México, el presidente Porfirio Díaz encomendó al arqueólogo y exmilitar Leopoldo Batres dejar al descubierto la pirámide. Fue a partir de ese momento cuando dio inicio el estudio formal de una cultura que desapareció en el siglo VII. Actualmente, pese a que han transcurrido más de 100 años de investigación en la pirámide del Sol, los hallazgos continúan.
A finales de septiembre de 2012, un equipo de arqueólogos del INAH excavaban en la cúspide del monumento para recuperar materiales que permitieran tener más datos sobre el tiempo que duró su construcción; también buscaban fragmentos del suelo de un templo que, se cree, existió en la cima.
El arqueólogo Alejandro Sarabia, quien coordinó las excavaciones, aún se sorprende cuando recuerda lo que hallaron.
“Ya habían excavado el edificio antes que nosotros”. Los especialistas encontraron restos de una fosa de saqueo, la cual podría datar del siglo VII, cerca del final de la civilización teotihuacana. Dentro de ella había una escultura de la deidad del fuego (de 61 cm de altura), que conserva los pigmentos originales, dos monolitos de piedra verde y un fragmento de una pieza del mismo material”.
No es la primera vez que se encuentra una escultura del Huehuetéotl en la zona —como los mexicas llamaban al dios del fuego—, pero sí es la primera que conserva los pigmentos originales.
En las excavaciones que hicieron en 1906 encontraron un brasero y varios símbolos escultóricos de la ceremonia sagrada del Fuego Nuevo sobre la plataforma adosada, por lo que estos nuevos hallazgos refuerzan la hipótesis de que la pirámide del Sol fue escenario de cultos dedicados al fuego.
Sarabia explica que la fosa de saqueo —de unos cinco metros de profundidad y cuatro de anchura— pudo haber sido cavada para robar las ofrendas que se ponían al terminar de construir los monumentos; aunque eso es solo una teoría.
Estos descubrimientos sumaron nuevas preguntas a la gran lista que ya tienen los especialistas acerca de la pirámide del Sol: ¿por qué la construyeron? ¿Cómo la llamaron los teotihuacanos? ¿Guarda en su interior la tumba de algún gobernante? ¿Qué técnicas utilizaron los teotihuacanos para transportar piedras verdes tan grandes (una de ellas mide 2.56 m y pesa 955 kg)? ¿Cómo las llevaron hasta Teotihuacán, si esas piedras solo se han encontrado en la frontera entre Guerrero, Puebla y Oaxaca?
Averiguar las respuestas no es nada fácil. Sobre todo porque, a diferencia de los mayas, los teotihuacanos —al parecer— no tenían un sistema de escritura; lo poco que se sabe de ellos ha sido gracias a los monumentos, murales, estatuas, figurillas y restos de cerámicas encontrados en las excavaciones.
Son varias las hipótesis que se han puesto sobre la mesa para explicar por qué se levantó esta pirámide de 65 m de altura, la segunda más alta de México, después de la de Cholula. Una de ellas, según el arqueólogo Sarabia, plantea que el monumento se edificó en honor del dios del agua, conocido por los aztecas como Tláloc. Otras teorías apuntan a que la construcción podría resguardar los restos de algún gobernante de la ciudad.
Los arqueólogos también estiman que la construcción de la pirámide pudo haber iniciado en el siglo I d.C. y que tomó alrededor de 139 años concluirla
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Coyolxauhqui cumple 37 años de ser descubierta

Coyolxauhqui cumple 37 años de ser descubierta


Teotihuacan en línea. INAH. La Coyolxauhqui, diosa lunar mexica que adorna con cascabeles sus mejillas, fue descubierta la madrugada del 21 de febrero de 1978 en el corazón del Centro Histórico de la Ciudad de México.
La deidad, relacionada con la luna, es una de las pocas esculturas tenochcas que muestran la desnudez femenina.
En el monolito hallado hace 37 años, la diosa aparece desnuda y desmembrada, porque aludía a una de las últimas etapas de la derrota de los enemigos, que consistía en despojarlos de sus ropas.
Según el mito, Coyolxauhqui era la dirigente del grupo Huitznahua, uno de los barrios que salieron de Aztlan, quienes al llegar al cerro Coatepec se enfrentan a Huizilopochtli, su hermano, quien los derrota y a ella la decapita y arroja, quedando desmembrada al pie del monte.
La pieza de andesita rosada en forma discal se encontró de manera fortuita cuando una cuadrilla de la Compañía de Luz y Fuerza laboraba a más de dos metros de profundidad en la esquina de las calles de Guatemala y Argentina. Estaba cubierta por arenilla y un equipo de arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) la desenterró luego de permanecer en el subsuelo por 500 años.
Este hallazgo detonó el Proyecto Templo Mayor, encabezado por el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, a partir del cual surgieron nuevos descubrimientos de representaciones de la diosa lunar. Una de ellas es la realizada en piedra de tezontle con la que armaron las piernas, brazos y tórax, y que corresponde a una fase constructiva anterior del Templo Mayor.
Coyolxauhqui
Un día, cuando barría su templo en lo alto del cerro de Coatepec, la Tierra quedó embarazada milagrosamente gracias a una bolita de plumas que provenía del cielo y que ella guardó en su pecho. La Luna consideró el embarazo de su madre como una afrenta e instigó a sus hermanos las Estrellas a matarla. Huitzilopochtli, el Sol, desde el vientre de la Tierra, advirtió el peligro y decidió defender su vida y la de su madre. Cuando la Luna y las Estrellas estaban a punto de asesinarla, nació el Sol Huitzilopochtli, ataviado para la guerra y armado con una serpiente de fuego, llamada Xiuhcóatl, con la que la decapitó para, después, arrojarla desde lo alto del cerro Coatepec. En su caída, la diosa se fue desmembrando en cada giro. Así muere la Luna cada mes derrotada por el Sol, a pedazos. Coyolxauhqui y su desmembramiento son la explicación a un fenómeno celeste, en cual la luna muere y nace por fases, y así fue encontrada al pie de la escalinata de Huitzilopochtli en el Templo Mayor.
El relieve muestra a la diosa decapitada y mutilada de brazos y piernas, con gotas de sangre que manan de las extremidades y que dejan expuestas las coyunturas óseas. Está adornada con un cinturón de serpiente bicéfala rematado con un cráneo en su espalda. La serpiente de dos cabezas se repite en los atados de muslos y brazos. Las articulaciones y los talones de sus pies están adornados con mascarones compuestos por un rostro de perfil provisto de colmillos, cuyo significado todavía se presta a las más variadas conjeturas. Lleva sus sandalias, sus muñequeras y tobilleras. Su tronco, con los pechos flácidos, está de frente, mientras que sus caderas dan un inusitado giro mostrándose de perfil y obligando a las extremidades a colocarse de igual forma. Su cabeza porta un gran penacho de plumas y su pelo está adornado con círculos. Sus orejeras, compuestas por tres figuras geométricas, enmarcan su rostro, cuyo ornamento principal, los cascabeles en la mejilla, da nombre a la diosa Luna, de la que parece salir el último aliento de vida a través de su boca entreabierta.
La escultura tiene 3.25 metros de diámetro en promedio, 8 toneladas de peso y está hecha en piedra volcánica.
Este importante hallazgo dio por resultado las excavaciones arqueológicas del Proyecto Templo Mayor, hasta la fecha bajo la dirección del Arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma
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Museos de Teotihuacan


Teotihuacan en línea. INAH. La Zona Arqueológica de Teotihuacan, ofrece los más representativos museos como fomento y complemento de la cultura teotihuacana. En la periferia de la zona de las pirámides, podemos visitar estos recintos de la sabiduría ancestral de Teotihuacan
MUSEO DE SITIO
El museo exhibe material recuperado en las diferentes excavaciones arqueológicas que se han realizado: entierros, objetos de varios materiales, braseros, cerámica de uso cotidiano y representaciones de dioses. También resguarda objetos provenientes de otras regiones mesoamericanas relacionadas con Teotihuacan. El museo presenta una maqueta en la que se ve aprecia toda la zona arqueológica de Teotihuacan. Otra sala exhibe uno de los entierros encontrados en las excavaciones. No puede perderse en la última sala la única representación que se tiene de Nanahuatzin. Se ubica a un costado de la Pirámide del Sol. Puerta cinco de acceso a la zona arqueológica, visitas de 10:00 a 17:00 h.

MUSEO DE LA PINTURA MURAL TEOTIHUACANAEste museo ofrece a sus visitantes la posibilidad de ver la antigua ciudad de Teotihuacan y sus pinturas murales. Abrió sus puertas a los visitantes el 29 de julio del 2001.
Está ubicado al norte de la zona arqueológica, al costado poniente de la Pirámide de la Luna. El acceso a este museo es al frente de la puerta tres de la zona arqueológica, separado del área central por el circuito empedrado que la rodea.
Diversos elementos como maquetas, videos y escenografías ofrecen un discurso museográfico accesible para todo público. En las cuatro primeras salas se proporciona información general sobre Teotihuacan: nos ubica en tiempo y espacio, se habla de su trazo e importancia como ciudad preponderante en Mesoamérica. Las siguientes salas abordan conceptos como la relación entre pintura y arquitectura, y se presentan variados materiales y herramientas que eran utilizados por los artistas teotihuacanos. La segunda sección del museo aborda completamente el tema de la pintura mural, se presentan fragmentos relacionados con conjuntos habitacionales y otros sobre distintos temas: elementos acuáticos, personajes, animales. Además, exhibe la reconstrucción de algunos murales de las habitaciones teotihuacanas.

La pintura mural en Teotihuacan destaca por su belleza, por ser el lugar de mesoamérica con mayor número de frescos y por las técnicas empleadas. Estas se basaban en utilizar productos derivados de la hematita, la limonita, la goetita, la giobertita y la malaquita, aplicados sobre una base de cal y arena de cuarzo, que hacía destacar increiblemente los colores. Otra característica es que no existían ni las sombras ni la perspectiva: los elementos más lejanos se situaban en la parte superior. El tamaño tampoco indicaba profundidad, sino que servía para diferenciar los personajes más importantes. En cuanto a la temática, ésta es principalmente religiosa: aparecen representaciones divinas, sacerdotes y diversos conceptos de la cultura religiosa teotihuacana (el Tlalocan, paraiso de Tlaloc, dios del agua y de la lluvia; el quetzal, símbolo presente en la inmensa mayoría de las culturas mesoamericanas), aunque también se encuentran representaciones de animales y figuras amorfas, semejantes a jeroglíficos. Su pase de entrada a la zona arqueológica le permite el acceso a éste museo, visítelo de martes a domingo de 10:00 a las 17:00 h.

CENTRO DE ESTUDIOS TEOTIHUACANOSSe trata de una dependencia del Instituto de Antropología e Historia que se dedica a apoyar la investigación interdisciplinaria sobre el valle de Teotihuacan. En este lugar se organizan ciclos de conferencias, exposiciones temporales y otras actividades de divulgación. Cuenta, en la planta baja, con cuatro salas de exposiciones temporales, tiene también un área de museografía dedicada a preparar las exposiciones temporales y, en su planta alta, hay un centro de documentación, el cual cuenta con biblioteca, videoteca, fototeca y planoteca (con servicio a los investigadores de la zona y otras instituciones de lunes a viernes de las 10:00 a las 18:00 h).

 
El acervo del Centro de Estudios Teotihuacanos suma más de 4000 títulos sobre temas de arqueología, antropología e historia, cuenta con servicios de Internet y con base de datos de otras instituciones. La videoteca tiene videos del INAH, de la UNESCO y cuenta con CD´s y DVD´s producidos por el CONACULTA, la ONU, la Universidad de Riverside, en California, entre otros.Se localiza enfrente de la puerta 5 de la zona arqueológica de Teotihuacan (atrás de la Pirámide del Sol) sobre el circuito empedrado
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Teopancazco Teotihuacan tuvo diversidad en grupos étnicos

Teopancazco Teotihuacan tuvo diversidad en grupos étnicos

 

Etnias pudieron practicar canibalismo: Especialista

 

Puebla, Veracruz, Tlaxcala, Hidalgo y Guerrero, entre los grupos


Teotihuacan en línea. INAH. La arqueóloga Linda Rosa Manzanilla Naim anunció una diversidad de grupos étnicos en la zona de Teopancazco, en Teotihuacan.
La especialista indicó que la ausencia de textos grabados que describan el funcionamiento de la antigua urbe teotihuacana, la ha llevado a utilizar técnicas de otras disciplinas para confirmar la  multietnicidad, dieta y los trabajos desarrollados en un centro de barrio teotihuacano.
“Teopancazco es el mejor ejemplo de la multietnicidad, porque tiene a los mejores expertos de varias regiones de Mesoamérica colaborando para entender cómo se forjó esa ciudad como una maravilla, para hacer la Roma del centro de México”, dijo.
Con ayuda de investigadores de los  institutos de Geofísica y Geología de la UNAM, realizó estudios isotópicos que determinaron la procedencia de cada persona. “Teopancazco no ha sido muy estudiado; a finales del siglo XIX Leopoldo Batres realizó excavaciones, y hoy sabemos que en ese centro de barrio participaban personas de Puebla, Veracruz, Tlaxcala, Hidalgo, locales y probablemente gente de Guerrero”.
La doctora adscrita al Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, indicó que de 1997 a 2005 realizó 13 temporadas de campo en el centro del barrio de Teopancazco, al sureste de Teotihuacan, donde trabajó con un equipo multidisciplinario que logró definir el origen de varios de  los 117 entierros localizados en el sitio.
Los análisis en los pórticos, patios y plazas del sitio también la llevaron a considerar que los barrios eran la parte más dinámica de la sociedad teotihuacana. “Casi no estaban controlados los barrios por el Estado; traían mano de obra, movían sus caravanas por corredores a las regiones de donde transportaban materias primas y productos suntuarios, y donde seguramente hicieron alianzas”.

La arqueóloga mencionó que todos estos resultados apoyan su teoría de que Teotihuacan fue la excepción en Mesoamérica. “Fue una urbe con una estructura corporativa, en la que posiblemente había cuatro cogobernantes y por lo menos uno debía venir de otro sitio, pues protegía los intereses de toda la gente que llegaba de fuera”.
La ocupación del barrio de Teopancazco comenzó hacia el año 150 d.C. y duró hasta 600 d.C. Su riqueza la formó intercambiando mantas de algodón, moluscos marinos, pigmentos y cosméticos para las pinturas faciales.
“El centro de barrio tiene un fuerte vínculo con el estado de Veracruz, con la zona de Nautla; en Teopancazco contamos con la mayor variedad de peces hallados en Teotihuacan, además de cocodrilos, cangrejos y  tortugas”.
La experta refirió que encontraron agujas, alfileres, punzones de hueso y botones de concha, que dan cuenta de que en ese barrio hacían los trajes para la elite que regía. “Probablemente las mantas sin armar las intercambiaban con las elites de otros barrios, pero los elementos marinos eran solamente para Teopancazco, como lo muestra el famoso mural del sitio”.
Al abundar sobre el funcionamiento de los centros de barrio, la investigadora de la UNAM dijo que haciendo el símil con la actual Ciudad de México se podría decir que es como una especie de delegación, la cual tenía un componente ritual (la “iglesia”), uno administrativo (la “delegación”), otro militar (la policía del barrio), uno médico (la “clínica”) y otro más artesanal especializado, en el que se trabajaba todo el tiempo.
“La tercera parte de los entierros de Teopancazco es de recién nacidos y muchos están ubicados en el sector noreste del conjunto; esto quiere decir que nacían y quizás como las condiciones higiénicas no eran las adecuadas, morían al momento del parto y los enterraban ahí, porque encontramos 22 entierros. 
“Hubo un ritual masivo consistente  en colocar una cabeza en cada vasija y taparla con otra, es un rito veracruzano porque hallamos otro idéntico en Cerro de las Mesas, Veracruz; tenemos a 29 individuos decapitados en un mismo momento hacia el año 350 d.C. Hay otros infantes de entre tres y ocho años de edad, algunos de los cuales yacen bajo altares y otros en fosas. Por último, hay entierros parciales, y algunos adultos sedentes completos”, señala.
Al referirse a los decapitados, la especialista mencionó que muchas de las personas que llegaron a Teotihuacan, nunca regresaron a sus lugares de origen, porque fueron desmembradas, descabezadas e incluso sus huesos  transformados en instrumentos de trabajo, agujas, alfileres y otros más fueron procesados, lo que se aprecia por las huellas de corte y hervido que dejaron en los restos.

“Probablemente había algo de canibalismo, no sé si ritual, pero gracias a los análisis de isotopos estables descubrimos que había individuos que tenían varios niveles tróficos con nitrógeno muy negativo, lo que nos hace suponer que comían carne humana de manera constante; son pocos, pero algunos sí lo hacían. Se encontró en dos de los entierros más prestigiados de la elite del centro de barrio”.
Añadió que gracias al estudio de los isotopos estables, hecho en el Instituto de Geología de la UNAM, se sabe que la mayoría de los habitantes de Teopancazco comía tortillas de maíz casi todos los días, en tanto que otros tenían una dieta más variada con frutas y proteína animal.
“Además  descubrieron, gracias a un análisis de la antropología física, quiénes eran las personas que cargaban pesos, quiénes eran sastres y cosían, y quiénes ablandaban las fibras con los dientes y sufrieron desgaste en incisivos”.
Linda Manzanilla fue reconocida recientemente con el Premio Alfonso Caso a la mejor investigación arqueológica que otorga el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), por su trabajo Estudios arqueométricos del centro de barrio de Teopancazco en Teotihuacan
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Restauran murales prehispánicos en Teotihuacan

Restauran murales prehispánicos en Teotihuacan

 

 

desarrolla el Proyecto de Conservación de Pintura mural

 

Registro datan de 200 a 700 d.C.


Teotihuacan en línea. INAH. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) impulsa en Teotihuacan el Proyecto de Conservación de Pintura Mural, el cual se aplica in situ y en acervos, una labor titánica si, como afirma la doctora María Teresa Uriarte, “no resulta descabellado decir que esta antigua urbe fue quizás una de las ciudades más extensamente pintadas del mundo antiguo.” “Sabemos que los edificios estaban totalmente policromados, que incluso muchos de sus pisos conservan restos de pintura, porque sí, los pisos también se pintaban”, apunta la especialista en cultura teotihuacana y pintura mural prehispánica. De ahí la trascendencia de la iniciativa del Instituto que corre a cargo de la restauradora Gloria Torres Rodríguez y de la arqueóloga Claudia López Pérez, del INAH.
Con el fin de detectar la problemática de sus murales, el proyecto encamina buena parte sus recursos en el registro detallado de los mismos, e incluye los que sobreviven in situ (monocromos y policromos), los que se encuentran en fragmentos y que se han hallado en excavaciones en la zona arqueológica, y aquellos que fueron desprendidos y montados en soportes sintéticos. Estas obras fueron plasmadas entre los años 200 a 700 d.C.
Entre los avances en la conformación del inventario (de 2010 a 2012), los resultados hablan por sí mismos: 12,560 fragmentos registrados; 12,434 fotografías; 1,114 dibujos; 1,870 fragmentos capturados; tres áreas de monumentos intervenidas mediante conservación emergente, siete áreas de monumentos registradas, además de la limpieza y reintegración de cuatro escenas en bastidor: Tláloc sembrador, dos del Caballero Tigre y Escudo de Tláloc.
También está en curso la elaboración de un glosario, además de contar ya con una ficha de diagnóstico general por zonas, conforme lo establece el Plan de Manejo del sitio prehispánico.
En ese sentido, uno de los aportes fundamentales, informó la arqueóloga Claudia López será la consulta que los investigadores podrán realizar a mediano plazo de esta base de datos, de manera que “vamos a proporcionar elementos para que puedan interpretar los murales a través de la iconografía. Los diseños, formas y estilos van a estar referenciados a través del glosario”.
La base de datos está diseñada para permitir almacenamiento masivo y conectar varios campos de la información para agilizar las búsquedas. Las cédulas fueron elaboradas ex profeso, en el caso de los fragmentos consigna su número de registro, bodega, ubicación, técnica de manufactura, estado de conservación, procedencia, color, características físicas, escena…
Mientras, la ficha de registro de pintura mural in situ refiere datos como el sector, unidad arquitectónica, estructura, un mapa de ubicación del mismo; elemento arquitectónico y cuadrante al que corresponde, características físicas, una descripción pormenorizada de escenas, diseños, motivos y su estado de conservación, incluyendo restauraciones previas.
De acuerdo con la arqueóloga Claudia López, “a partir del análisis detallado de algunos fragmentos hemos podido ver su correspondencia con escenas que se hallan en un cuarto específico de algún conjunto arquitectónico, por ejemplo, del Jaguar Reticulado de Tetitla, o inclusive encontramos escenas que no han sido reportadas. Esto marca la pauta para en algún momento reconstruir el mural completo, escenas o detalles que se habían perdido”.
Por su parte, la restauradora Gloria Torres detalla que para 1973 el investigador Arthur Miller hacía alusión a que 358 pinturas murales (sin considerar la monocroma) estaban expuestas en monumentos, principalmente en los conjuntos Quetzalpapálotl, Jaguares, Caracoles Emplumados, Mural del Puma, del Sol, Plaza Oeste, Superpuestos, Ciudadela, Atetelco, Tetitla y Tepantitla.
En fragmentos se tienen contabilizados más 60 mil y en bastidor más de 126 mil de ellas sin restaurar, aunque se encuentran estables. Algunos, que se suponen los más antiguos hechos en los primeros siglos de nuestra era, fueron realizados sobre una argamasa de lodo, en los siglos posteriores los diseños se plasmarían en enlucidos de cal.
Al respecto, Torres Rodríguez dio a conocer que se ha realizado conservación emergente para murales in situ. Esto conlleva procesos específicos de restauración que eviten desprendimientos y pérdidas de secciones muy dañadas de pintura. “Aunque son procesos parciales, los criterios para realizarlos son la homogeneidad y estética de las intervenciones, destacando los vestigios originales sobre la restauración”. En 2011 y 2012 se realizaron consolidaciones, uniones de fragmentos, limpieza de sales y de microorganismos, así como eliminación de intervenciones anteriores que dañaban directamente a la pintura mural, en algunos sectores de Ciudadela, Teopancazco y el Conjunto Superpuestos.
“Logramos estabilizar el deterioro por humedad que presentaba el principal mural del Conjunto de Teopancazco, se trata de un mural importante porque fue el primero en ser registrado en la historia de Teotihuacan por exploradores del siglo XIX”, apuntó la restauradora.
Mientras, en el caso de murales que se hallan en bastidores, se aplica reintegración cromática con técnica de puntillismo.
Todo este trabajo ha contado con el apoyo de un pequeño equipo integrado por informáticos, artistas visuales, arqueólogos, auxiliares especializados, arquitectos y fotógrafos, entre quienes se encuentran Vidal Morales Herrera, Noemí Márquez Gutiérrez, Andrea Campos, Valentín Quezada, Miguel Morales y Edwin Romero. También se ha tenido el apoyo de la ONG, Voluntarios Internacionales México
Imágenes: INAH

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Teotihuacan sus barrios

Teotihuacan sus barrios



Teotihuacan en línea. En Teotihuacan no todos los caminos conducen a las pirámides del Sol y la Luna, muy pocos saben que alrededor de la ciudad sagrada y más allá, existen cuatro espacios en los que se localizaban las áreas habitacionales de los antiguos grupos de pobladores de la metrópoli prehispánica.
Se trata de los conjuntos arquitectónicos conocidos como Tetitla, Tepantitla, Atetelco y La Ventilla. Son las áreas de residencia o barrios en los que se estableció la población, en la periferia de lo que se conoce como el Centro Ceremonial de Teotihuacan, compuesto por las dos pirámides y la Calzada de los Muertos.
De acuerdo con investigaciones hechas durante un centenar de años, la urbe llegó a ocupar una superficie cercana a los 22 kilómetros cuadrados, dimensión que para su época la ubicó como la sexta más grande del mundo.
Tetitla, el barrio de los nobles
Barrio que se ubica al oeste de la zona arqueológica, cerca de la Puerta 1, donde podemos ver una muralla de piedra que cuenta con un solo acceso, que a su vez era la única entrada y salida del conjunto.
Todas las áreas habitacionales en Teotihuacan estaban amurallados, lo que hace suponer que tenían un fin defensivo. También se observa que el sistema urbano que caracterizó a estas zonas residenciales consistía en calles, plataformas, plazas, patios y altares.
Tetitla fue habitado en las épocas de mayor esplendor de Teotihuacán, en las fases de los años 350 al 400 d. C. y 450 al 550 d. C. Por los exquisitos decorados pictóricos, se intuye que este barrio fue habitado por un sector de la población que gozó de cierto estatus económico.
Destacan las pinturas murales con imágenes alusivas a deidades, entre ellas, la conocida como Las Diosas Verdes, donde se observan varias representaciones de personajes femeninos que se han relacionado con la diosa Chalchitlicue, asociada con la fertilidad.
Otra de las obras murales que es imposible dejar de admirar en Tetitla, es la de los Jaguares en Procesión, donde se muestra a ocho de estos animales en color naranja, portando penachos y formados en dirección a la puerta de acceso de una habitación. Los felinos, al igual que las serpientes estaban relacionados con el poder.
Algo digno de comentar es que en todos los murales el fondo siempre es rojo, tonalidad que para los antiguos teotihuacanos representaba lo sagrado y se vinculaba con el valor. Créditos: Xanat Ramírez, Luís Espinosa Cardoso, Alejandra Peña Reyes, Alma Soto Fernández

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Encuentran escultura de Huehuetéotl en la Pirámide del Sol

Encuentran escultura de Huehuetéotl en la Pirámide del Sol

En cúspode de pirámide, a 66 metros de altura


Teotihuacan en línea. INAH. Arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) localizaron la escultura más grande de Huehuetéotl, dios viejo o del fuego, en la cúspide de la Pirámide del Sol, a 66 m de altura hallada hasta ahora en Teotihuacan, además de dos estelas completas de piedra verde y el fragmento de otra, que debieron decorar hace 1,500 años el templo que coronaba esta edificación.
El arqueólogo Alejandro Sarabia, quien junto con su colega, el doctor Saburo Sugiyama, de la Universidad Provincial de Aichi (Japón), desarrolla desde 2005 el Proyecto Pirámide del Sol, informó que las piezas se encontraron al interior de una fosa —de 4 metros de ancho, 17 de largo y 5 m de profundidad—, que probablemente data de finales del siglo V o inicios del VI de nuestra era. El templo, que existió en la parte más alta de la pirámide, fue destruido por los propios teotihuacanos en ese periodo, pero algunos elementos arquitectónicos —como las estelas descubiertas— se dejaron en el lugar, pues su interés era otro. Sarabia y su equipo consideran que la fosa fue excavada en tiempos prehispánicos para recuperar la ofrenda principal de la construcción, en un acto de desacralización y repartir su contenido en otros edificios públicos de la antigua ciudad. Al paso del tiempo, las piezas arquitectónicas que habían quedado in situ, cayeron dentro de la oquedad y ahí permanecieron durante siglos. Las recientes exploraciones en la cima de la Pirámide del Sol, las primeras en realizarse en este espacio, representaron una oportunidad única al dejar expuestos elementos inéditos de lo que fue su templo. La arqueóloga Nelly Zoé Núñez Rendón, también investigadora del Proyecto Pirámide del Sol, responsable de las excavaciones en la cúspide de la edificación, precisó que el objetivo inicial de las mismas era ubicar el desplante del último cuerpo, mediante una cala de 3 por 5 m, en sentido norte-sur.
A escasos 50 centímetros fueron apareciendo los elementos señalados, la escultura del dios viejo o del fuego (la más grande de su tipo en Teotihuacan) y el fragmento de una estela de 80 kilos, más otros objetos de piedra verde o pizarra, como cuentas y placas y concentraciones de conchas marinas. La poca profundidad a la que fueron localizándose las piezas, indica que cuando Leopoldo Batres consolidó la Pirámide del Sol, hace poco más de un siglo, únicamente cubrió la cima, sin antes haber excavado esta área.
Para Nelly Núñez, los hallazgos en la cúspide de la pirámide destacan por su gran formato. La escultura de Huehuetéotl (que se halló completa en 75 por ciento, y fue realizada en andesita gris) tiene 58 cm de altura y pesa alrededor de 190 kilos.
Esta representación conserva, en un caso inédito, parte de la pigmentación original sobre los diseños geométricos en bajorrelieve e iconográficamente dista de otras representaciones de la deidad. Sus brazos aparecen entrecruzados, las arrugas del rostro son poco profundas, la decoración de su brasero es atípica, porta un antifaz, además de moños, tanto en la cabeza como en el cuello.
Este espectacular descubrimiento, aunado al hallazgo en 1906 de un brasero y varios símbolos escultóricos de la ceremonia sagrada del Fuego Nuevo sobre la plataforma adosada, podría indicar que la Pirámide del Sol fue escenario de cultos de carácter ígneo (dedicados al fuego) y de finales de ciclos calendáricos.
En lo que respecta a las estelas completas de piedra verde, todas ellas son lisas. La primera —de 2.56 m de largo y 955 kilos (el monolito de piedra verde más grande de los 20 registrados en Teotihuacan)—, se encontró a 4.30 m de profundidad; la segunda estela —de 1.40 de alto y 300 kilos—, fue descubierta en la primera semana de diciembre pasado, poco antes de terminar la temporada de exploración de 2012.
Para su transportación a las oficinas del proyecto de investigación, se requirió del apoyo de personal de la zona arqueológica, particularmente de las áreas de restauración y museografía, que supervisaron su embalaje y descenso desde 66 m de altura, mediante un sistema de cuerdas y anclajes en los diferentes cuerpos de la Pirámide del Sol.
Con dicha temporada de exploración arqueológica, efectuada de junio a diciembre de 2012, se buscó despejar dudas acerca del sistema constructivo y del fechamiento de la gran pirámide que mide 214.6 m, 215.2 m, 215.7 m y 210.5 m en planta por los lados norte, este, sur y oeste, respectivamente.
“Con las excavaciones de las últimas temporadas (2010 y 2012) podemos decir que fue concebida desde el principio con la altura que hoy podemos apreciar, cercana a los 70 m, hablamos de los siglos I o II d.C. Ahora sabemos que se realizó en un solo momento, dentro del periodo mencionado, aunque en el siglo III fueron ampliados sus dos primeros cuerpos, es decir, aumentó su anchura. De manera que estas cuestiones quedan despejadas después de poco más de 100 años de exploraciones”.
Cabe recordar que entre 2008 y 2010, valiéndose de un túnel de 116 m de longitud —excavado en 1919 y 1931—, los investigadores del INAH pudieron localizar, mediante pozos estratigráficos, tres estructuras previas a la construcción de la Pirámide del Sol, y dos ricos depósitos de materiales, uno de ellos, la ofrenda de consagración del edificio que data de fines del siglo I o comienzos del II.
“En ese espacio de 4 m2 —detalló el arqueólogo Alejandro Sarabia— se registraron cerca de mil 200 materiales: conchas, caracoles, discos de pizarra (los más grandes que conocemos de Teotihuacan) y de pirita, once vasijas Tláloc, una máscara de piedra verde, 40 objetos de obsidiana gris (puntas de proyectil, cuchillos y figuras antropomorfas), restos óseos de un jaguar, de un cánido y de un águila. Básicamente en eso consistió la ofrenda dedicatoria”.
Por otra parte, la temporada 2012 del proyecto también se enfocó en otros espacios de la pirámide, como su base, cerca de la esquina noroeste, para definir el punto de contacto entre la plaza de la construcción y la muralla que rodea al edificio. También se excavó en las dos escalinatas del primer cuerpo, con el objeto de encontrar evidencia de la decoración original, encontrándose una escultura, restos del talud y del tablero original, todos del siglo V d.C.
El resto de los trabajos se enfocaron a la consolidación arquitectónica en la fachada sur —supervisados por la arquitecta Silvia Ibáñez Bravo—, particularmente de un muro de relleno y su talud, así como de otro de contención en la fachada Este. Mientras, otras labores de conservación, a cargo de Neyra García Torres, se realizaron en otras estructuras que forman parte del complejo Pirámide del Sol.
Información: INAH
Foto: INAH

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El Jaguar en Teotihuacan

El Jaguar en Teotihuacan



Teotihuacan en línea. María Elena Ruiz Gallut. Sol del inframundo, corazón del monte y día del calendario, el jaguar hace sentir su presencia en Teotihuacan: toma lugar en las procesiones, aparece ocupando el lugar de la cabeza en imágenes de personajes, se convierte en metáfora para ser signo y, finalmente, se humaniza.
En el arte teotihuacano los jaguares con frecuencia adquieren rasgos que los acercan a lo humano. Ya sea que se trate de felinos humanizados o de hombres disfrazados de jaguar, su presencia transmite un mensaje esencial. La legitimidad del gobierno se apoya en un discurso mítico en el que el gran felino ocupa un lugar central.
Teotihuacan es la “ciudad de los dioses”, la de la geometría cósmica, donde el paisaje del pequeño valle envuelve los volúmenes masivos de sus dos grandes pirámides para conferirles la sacralidad de un entorno natural, hoy incomprendido y poco valorado. Es la que, a partir de sus calzadas que la seccionan en cuatro, se desdobla y multiplica en cientos de calles, plazas y patios, la que guarda para sí los nombres de sus gobernantes y nos muestra sólo un rostro fragmentado de su esplendor. En ella, una presencia participa en los discursos de la piedra labrada, en los muros pintados y los tiestos de cerámica anaranjada, en los entierros de dignatarios y personajes de alto rango: el jaguar.
Concebido por otras culturas mesoamericanas como corazón del monte y día del calendario, Sol del ocaso que se encamina al mundo de los muertos y noche vasta que, como su piel, se tachona de manchas para ser inconfundible, el jaguar cobra vida en Teotihuacan y se atreve en las paredes de recintos, se detiene en los umbrales, se corona con diademas y penachos de plumas preciosas, transforma su naturaleza animal para convertirse en hombre.
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María Elena Ruiz Gallut. Doctora en historia del arte; especialista en pintura mural teotihuacana. Investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM
Foto: Marco Antonio Pacheco / Raíces
LA CIUDAD Y EL FELINO

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Teotihuacan Hallan 150 cráneos de sacrificios humanos

Teotihuacan Hallan 150 cráneos de sacrificios humanos



Teotihuacan en línea. The Associated Press. Mark Stevenson. Teotihuacán. Al menos 150 cráneos de víctimas de sacrificios humanos fueron hallados en Teotihuacan, en una de las primeras ocasiones en que tal cantidad de cabezas cercenadas se descubre frente a una pirámide o conjunto de templos en el país, informó un grupo de arqueólogos.
Los especialistas están intrigados por el sorpresivo descubrimiento del número tan grande de cráneos en lo que al parecer fue un templo ordinario y pequeño. Las cabezas fueron colocadas cuidadosamente en hileras o en pequeños montones, en su mayor parte con la cara hacia donde sale el sol. Los cráneos datan de entre 600 y 860 después de la era actual cuando la cercana ciudad-Estado de Teotihuacan había ya declinado y el imperio azteca, fundado en 1325, estaba a unos cuantos siglos de surgir.
El arqueólogo Christopher Morehart, que encontró las cabezas el año pasado en la comunidad agrícola de Xaltocan en la periferia norte de la capital mexicana, precisó que entre 150 y 200 cráneos de adultos, completos o en partes, han sido excavados hasta ahora en sembradíos ubicados en lo que fue un lecho lacustre. Morehart proviene de la Universidad Estatal de Georgia en Estados Unidos.
Los especialistas no esperaban encontrar nada semejante en ese lugar plano, formado por pastizales y cultivos de maíz. El sitio se encuentra cerca, pero no adyacente, a Teotihuacán, una de las más grandes ciudades prehispánicas. Tuvo su momento culminante entre 100 antes de la era actual y 750. Fue abandonado para cuando los aztecas llegaron a la zona en la década de 1300.
Morehart realizaba un estudio de antiguos modelos agrícolas en la zona norte del Valle de México en 2007, cuando durante una revisión a pie en el lugar comenzó a observar hoyos abiertos por saqueadores en los que hallaron huesos humanos. En un subsecuente período de excavaciones en 2012 fueron hallados más cráneos. Los resultados de los trabajos de 2007 fueron recién publicados en la revista académica Latin American Antiquity.
Aunque la cultura teotihuacana y los aztecas fueron conocidos por practicar sacrificios humanos, y los restos de cientos de víctimas han sido hallados en las pirámides de esas culturas o en otras grandes estructuras, el descubrimiento en Xaltocan "es como un montículo en el paisaje sobre el cual uno podría fácilmente pasar caminando sin saber que estabas encima", dijo Morehart. "El asunto interesante es ¿por qué vemos este tipo de acto de sacrificio que con frecuencia asociamos con algo como Teotihuacán o un gran centro? ¿Por qué vemos esto (...) en un lugar que no está asociado con esas ciudades?"
La antropóloga físico Abigail Meza Peñaloza, del Instituto de Antropología de la Universidad Nacional Autónoma de México, dijo que su equipo seguía limpiando y ensamblando los cráneos, pero que tiene hasta ahora una cifra confirmada de unos 130 cráneos, de los cuales todos parecen ser de hombres adultos.
Meza Peñaloza indicó que el descubrimiento es el primero en su clase, tanto por la ubicación —un pequeño montículo artificial en medio de un campo agrícola— como por el tipo de decapitaciones. Afirmó que se han documentado sacrificios colectivos en inauguraciones o clausuras de templos, pero no en medio de sembradíos

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Teotihuacán-Kultur

Teotihuacán-Kultur



Teotihuacan en línea. Die erste indianische Hochkultur in Zentralmexiko wurde nach ihrem Hauptzentrum Teotihuacán benannt. Es befand sich in der Mitte des Hochtales von Mexiko. Der Name Teotihuacán ist aztekisch. Die ursprünglichen Namen der Bewohner und der Stadt sind unbekannt.
Die Gründung dieser Stadt bezeichnet den Beginn der klassischen Ära in Zentralmexiko. Keine Stadt, kein Staat, kein Volk hat größeren Einfluß auf das übrige Mesoamerika gehabt als Teotihuacán, nicht einmal die Olmeken, Tolteken oder Azteken. Es ist nahezu sicher, daß Teotihuacán die Metropole eines Reiches war, welches das der Azteken an Macht übertraf.
Teotihuacán ist das größte religiöse Zentrum des aztekischen Mexikos. Die Bewohner hinterließen monumentale Bauwerke, von denen die Azteken sagten, daß sie von Riesen erbaut wurden. Von den Bewohnern ist nicht viel bekannt. Es wird vermutet, daß sie aus dem Norden kamen und sich später mit Zuwanderern aus Cuicuilco und Copilco sowie aus der Huasteca vermischten. Sie waren gute Bodenbauern (Anbau von Mais, Bohnen, Baumwolle), außerdem sehr gute Weber, Töpfer, Maler und Schöpfer von schönen Mosaiken aus Halbedelsteinen. Typisch für die Teotihuacán-Keramik sind die zylindrischen Dreifußgefäße mit Deckel. Leider wurden aus dieser hochentwickelten Kultur keine Schriftzeichen übermittelt.
Teotihuacán hielt in Mesoamerika ein weitgehendes Handelsnetz zwischen den einzelnen Völkerschaften und Gemeinwesen aufrecht. Später wurde Kaminaljuyú als Zwischenstelle in die Beziehung eingeschaltet. Diese Kontakte gab es bis zum Niedergang Teotihuacáns.
An der Spitze ihrer Gesellschaft stand ein einziger Herrscher, der zugleich Oberpriester war. Die Religion spielte auch in Teotihuacán eine sehr große Rolle. Der Hauptgott war der Regengott. Auch die Gefiederte Schlange (Quetzalcoatl) erscheint in Teotihuacán als Abbild des Regengottes.
Teotihuacán war vom Anfang des 1. bis zum 7. Jh. besiedelt. Warum die Stadt dann verlassen wurde ist nicht gänzlich geklärt. Bei Ausgrabungen wurden Brandspuren entdeckt, vielleicht war eine Feuersbrunst die Ursache für das Verlassen der Metropole

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Mayahuel goddess of the maguey

Mayahuel goddess of the maguey


Teotihuacan en línea. Mayahuel is the goddess of the maguey plant and of fertility. Protector of mature wombs that turn into life. From the milky sap of the maguey plant, aguamiel, the alcoholic drink pulque (octli in Nahuatl) was brewn. Mayahuel is often depicted with many breasts to feed her many children, the Centzon Totochin (the 400 Rabbits). The Centzon Totochin were thought to cause drunkenness. Mayahuel is the wife of Patecatl, who is also a pulque god. The deity Ome Tochtli (Two Rabbit) represents all pulque gods. The spines of the maguey were used by ancient priests and nobles for autosacrifice.
According to myth Ehecatl-Quetzalcoatl took Mayahuel from her grandmother and the fearsom star daemons, the Tzitzimime. The Tzitzimime caught her and tore her to pieces. Ehecatl-Quetzalcoatl buried her remains from which the first maguey grew. Mayahuel is both the ruler of the eight day, Tochtli (rabbit), and the eight trecena, 1-Malinalli (grass)

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Teotihuacan celebra 25 años de ser patrimonio cultural

Teotihuacan celebra 25 años de ser patrimonio cultural

 

Se colocarán 250 placas delimitadoras


Teotihuacan en línea. INAH. Con la colocación de 250 placas delimitadoras alrededor del polígono de protección de la Zona Arqueológica de Teotihuacan (ZAT), se conmemorará el 25° aniversario de la inclusión de este sitio prehispánico en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO. Además de esta medida protección, que ayudará a contener el avance de la mancha urbana sobre la urbe prehispánica, se llevarán a cabo un ciclo de conferencias y la apertura de dos exposiciones fotográficas en los dos museos del sitio arqueológico, para celebrar la declaratoria de 1987. La colocación de placas delimitadoras en comunidades del municipio de Teotihuacan, Estado de México, se efectuará el viernes 14 de diciembre, a cargo de autoridades del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en coordinación con el ayuntamiento, informó la arqueóloga Verónica Ortega Cabrera, subdirectora técnica de la Zona Arqueológica de Teotihuacan.
Al respecto, la funcionaria explicó que mediante una serie de acuerdos entre la dirección de la ZAT y las autoridades municipales “se determinó que el ayuntamiento marcaría en la traza urbana de sus comunidades, los límites del área de protección de los monumentos arqueológicos, de manera que ahora se colocará la primera placa de este proceso y el municipio entregará al INAH las otras que hay que colocar”.
Ortega Cabrera precisó que el polígono de protección de la urbe prehispánica, declarado en 1988, comprende una superficie total de tres mil 381 hectáreas, divididas en tres áreas (A,B y C). Las placas, de forma circular, demarcarán el límite de las áreas B y C del polígono de protección, y tienen la leyenda “Límite del área ampliada de Monumentos Arqueológicos Área B, D.O.F. 30 de agosto de 1988”. La arqueóloga detalló que los letreros, elaborados con material reciclable, serán colocados a 50 metros de distancia entre sí, en las áreas urbanas del municipio de Teotihuacan que circundan el sitio prehispánico, correspondientes a las localidades de San Francisco Mazapa, La Purificación, San Sebastián Xolalpa, San Juan Teotihuacan y Santa María Coatlán.
Verónica Ortega indicó además que, en julio del presente año, el INAH comenzó la adquisición de predios en el municipio de Oztoyohualco, en la parte Oeste de la zona arqueológica, proceso con el cual, una vez concretado, “se añadirán al sitio prehispánico 24 hectáreas de terreno, que estarán destinadas a la conservación, para investigaciones arqueológicas futuras y para ampliar el área de amortiguamiento”.
La Zona Arqueológica de Teotihuacan fue inscrita en la Lista de Patrimonio Mundial, el 11 de diciembre de 1987; es considerada la metrópoli más importante del México antiguo, y como uno de los centros culturales más importantes de Mesoamérica. Su valor excepcional radica en la disposición geométrica de su traza urbana, articulada por ejes ortogonales que se relacionan con las elevaciones geográficas que la rodean. Su modelo urbano, del que destacan las pirámides del Sol y de la Luna, fue retomado por muchas otras ciudades prehispánicas. La serie de actividades conmemorativas al cuarto de siglo en el listado mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), incluye también un ciclo de conferencias y la inauguración de dos exposiciones fotográficas, que buscan hacer conciencia entre la población de la importancia de proteger los vestigios arqueológicos que se encuentran dentro del polígono de protección, declarado en 1988 como Zona de Monumentos Arqueológicos.
Como parte del ciclo de conferencias, este jueves, Aldo Guagnelli y Gonzalo Morales, del Centro de Estudios Teotihuacanos, dictarán la ponencia La protección de la Ciudad Prehispánica de Teotihuacan y su entorno.
Además, con el objetivo de presentar las acciones en materia de restauración y conservación que se han realizado en la también conocida como Ciudad de los Dioses, este miércoles se inauguró la exposición fotográfica La conservación del patrimonio cultural. Garantizando el futuro de los vestigios del pasado, en el Museo de Murales Teotihuacanos “Beatriz de la Fuente”.
También se abrió al público la exposición temporal Sitios arqueológicos de México en la lista de Patrimonio Mundial en el vestíbulo del Ex Museo de Sitio, en Teotihuacan, que reúne imágenes e información sobre los sitios arqueológicos mexicanos que forman parte de la Lista de Patrimonio Mundial, como Palenque, Chichén Itzá, Monte Albán, El Tajín y Teotihuacan, entre otros. Fotos: INAH

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Historia del altar de Día de Muertos II

Historia del altar de Día de Muertos II

 

 

La época colonial


Teotihuacan en l{inea. En el siglo XVI, tras la Conquista, se introduce a México el terror a la muerte y al infierno con la divulgación del cristianismo, por lo que en esta época se observa una mezcla de creencias del Viejo y el Nuevo Mundo. Así, la Colonia fue una época de sincretismo donde los esfuerzos de la evangelización cristiana tuvieron que ceder ante la fuerza de muchas creencias indígenas, dando como resultado un catolicismo muy propio de las Américas, caracterizado por una mezcla de las religiones prehispánicas y la religión católica. En esta época se comenzó a celebrar el Día de los Fieles Difuntos, cuando se veneraban restos de santos europeos y asiáticos recibidos en el Puerto de Veracruz y transportados a diferentes destinos, en ceremonias acompañadas por arcos de flores, oraciones, procesiones y bendiciones de los restos en las iglesias y con reliquias de pan de azúcar –antecesores de nuestras calaveras– y el llamado “pan de muerto”.
La época actual
El sincretismo entre las costumbres españolas e indígenas originó lo que es hoy la fiesta del Día de Muertos. Al ser México un país pluricultural y pluriétnico, tal celebración no tiene un carácter homogéneo, sino que va añadiendo diferentes significados y evocaciones según el pueblo indígena o grupo social que la practique, construyendo así, más que una festividad cristiana, una celebración que es resultado de la mezcla de la cultura prehispánica con la religión católica, por lo que nuestro pueblo ha logrado mantener vivas sus antiguas tradiciones.
La fiesta de Día de Muertos se realiza el 31 de octubre y el 1 y 2 de noviembre, días señalados por la Iglesia católica para celebrar la memoria de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos. Desde luego, la esencia más pura de estas fiestas se observa en las comunidades indígenas y rurales, donde se tiene la creencia de que las ánimas de los difuntos regresan esas noches para disfrutar los platillos y flores que sus parientes les ofrecen.
Las ánimas llegan en forma ordenada. A los que tuvieron la mala fortuna de morir un mes antes de la celebración no se les pone ofrenda, pues se considera que no tuvieron tiempo de pedir permiso para acudir a la celebración, por lo que sirven solamente como ayudantes de otras ánimas. El 28 de octubre se destina a los muertos que fueron asesinados con violencia, de manera trágica; el 30 y 31 de octubre son días dedicados a los niños que murieron sin haber sido bautizados (limbitos) y a los más pequeños, respectivamente; el 1 de noviembre, o Día de Todos los Santos, es la celebración de todos aquellos que llevaron una vida ejemplar, celebrándose igualmente a los niños. El día 2, en cambio, es el llamado Día de los Muertos, la máxima festividad de su tipo en nuestro país, celebración que comienza desde la madrugada con el tañido de las campanas de las iglesias y la práctica de ciertos ritos, como adornar las tumbas y hacer altares sobre las lápidas, los que tienen un gran significado para las familias porque se piensa que ayudan a conducir a las ánimas y a transitar por un buen camino tras la muerte. Crédito del artículo: Patricia Beatriz Denis Rodríguez. Andrés Hermida Moreno. Javier Huesca Méndez

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Historia del altar de Día de Muertos

Historia del altar de Día de Muertos


Teotihuacan en línea. A través de la historia del hombre, el culto a los muertos se ha manifestado en diferentes culturas de Europa y Asia, como la china, la árabe o la egipcia, pero en las culturas prehispánicas del continente americano no ha sido de menor importancia; así, la visión y la iconografía sobre la muerte en nuestro país son notables debido a ciertas características especiales, como el sentido solemne, festivo, jocoso y religioso que se ha dado a este culto, el cual pervive hasta nuestros días.
La muerte es un personaje omnipresente en el arte mexicano con una riquísima variedad representativa: desde diosa, protagonista de cuentos y leyendas, personaje crítico de la sociedad, hasta invitada sonriente a nuestra mesa.
En México, las culturas indígenas concebían a la muerte como una unidad dialéctica: el binomio vida-muerte, lo que hacía que la muerte conviviera en todas las manifestaciones de su cultura. Que su símbolo o glifo apareciera por doquier, que se le invocara en todo momento y que se representara en una sola figura, es lo que ha hecho que su celebración siga viva en el tiempo.
Es así, una ardua tarea entender la muerte y su significado, labor que abarca momentos de innumerables reflexiones, rituales y ceremonias de diversa índole, lo que ha erigido el máximo símbolo plástico de la representación de esta festividad: el altar de muertos. Dicha representación es quizá la tradición más importante de la cultura popular mexicana y una de las más conocidas internacionalmente; incluso es considerada y protegida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.
Para conocer más acerca de la festividad del Día de Muertos y el significado que tiene hoy el altar, es necesario echar una vista atrás a la historia, hacia las épocas prehispánica y colonial, para tener un panorama más amplio de su significado.

La época prehispánica

Los orígenes de la tradición del Día de Muertos son anteriores a la llegada de los españoles, quienes tenían una concepción unitaria del alma, concepción que les impidió entender el que los indígenas atribuyeran a cada individuo varias entidades anímicas y que cada una de ellas tuviera al morir un destino diferente.

Dentro de la visión prehispánica, el acto de morir era el comienzo de un viaje hacia el Mictlán, el reino de los muertos descarnados o inframundo, también llamado Xiomoayan, término que los españoles tradujeron como infierno. Este viaje duraba cuatro días. Al llegar a su destino, el viajero ofrecía obsequios a los señores del Mictlán: Mictlantecuhtli (señor de los muertos) y su compañera Mictecacíhuatl (señora de los moradores del recinto de los muertos). Estos lo enviaban a una de nueve regiones, donde el muerto permanecía un periodo de prueba de cuatro años antes de continuar su vida en el Mictlán y llegar así al último piso, que era el lugar de su eterno reposo, denominado “obsidiana de los muertos”.
Gráficamente, la idea de la muerte como un ser descarnado siempre estuvo presente en la cosmovisión prehispánica, de lo que hay registros en las etnias totonaca, nahua, mexica y maya, entre otras. En esta época era común la práctica de conservar los cráneos como trofeos y mostrarlos durante los rituales que simbolizaban la muerte y el renacimiento. El festival que se convirtió en el Día de Muertos se conmemoraba en el noveno mes del calendario solar mexicano, iniciando en agosto y celebrándose durante todo el mes.
Para los indígenas la muerte no tenía la connotación moral de la religión católica, en la cual la idea de infierno o paraíso significa castigo o premio; los antiguos mexicanos creían que el destino del alma del muerto estaba determinado por el tipo de muerte que había tenido y su comportamiento en vida. Por citar algunos ejemplos, las almas de los que morían en circunstancias relacionadas con el agua se dirigían al Tlalocan, o paraíso de Tláloc; los muertos en combate, los cautivos sacrificados y las mujeres muertas durante al parto llegaban al Omeyocan, paraíso del Sol, presidido por Huitzilopochtli, el dios de la guerra. El Mictlán estaba destinado a los que morían de muerte natural. Los niños muertos tenían un lugar especial llamado Chichihuacuauhco, donde se encontraba un árbol de cuyas ramas goteaba leche para que se alimentaran.
Los entierros prehispánicos eran acompañados por dos tipos de objetos: los que en vida habían sido utilizados por el muerto, y los que podía necesitar en su tránsito al inframundo. Crédito del artículo: Patricia Beatriz Denis Rodríguez. Andrés Hermida Moreno. Javier Huesca Méndez

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Teotihuacan y su simbología: El Disco de la Muerte

Teotihuacan y su simbología: El Disco de la Muerte



Teotihuacan en línea. INAH. La muerte fue muy importante para los grupos prehispánicos de Mesoamérica. No se podía concebir la vida sin la muerte, pues todo formaba parte de un gran conjunto de opuestos complementarios en una relación dialéctica.
La escultura representa un cráneo rodeado por un destello elaborado con papel plisado, elemento asociado con la muerte y el inframundo. Fue hallada en Teotihuacan, en el Palacio del Sol, pero fue elaborada por los mexicas. Sabemos que para ellos la gran ciudad fue de gran importancia, pues en sus mitos la concibieron como el lugar donde nació el Quinto Sol. Los mexicas peregrinaban a ella, extraían piezas elaboradas por los teotihuacanos y dejaban ofrendas como esta escultura
Fuente: Instituto Nacional de Antropología e Historia

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Teotihuacan y su simbología: Pectoral de Concha

Teotihuacan y su simbología Pectoral de Concha


Teotihuacan en línea. INAH. Los entierros encontrados en el interior y alrededor del Templo de la Serpiente Emplumada presentan una peculiaridad en el número de personas inhumadas. Parece existir una relación entre la cantidad y ciertos números importantes en Mesoamérica como son el 9, el 18 y el 20, que tienen connotaciones simbólicas. Asociado con lo anterior, estudios iconográficos sobre las imágenes que decoraban el templo, elaborados por distintos investigadores, proponen que el Templo de las Serpientes Emplumadas estuvo dedicado al tiempo y al calendario.
Los cuerpos enterrados llevaban las manos atadas por detrás de la espalda, lo que indica que fueron sacrificados vivos. Algunos de ellos parecen proceder de tierras lejanas, lo que ha llevado a los investigadores a proponer estos entierros como una evidencia del expansionismo militar teotihuacano.
Como parte del ajuar que decoraba los cuerpos depositados, encontramos este tipo de pectoral constituido por maxilas humanas y molares. En algunas ocasiones, como el presente caso, tanto las maxilas como los molares fueron reproducidos en concha
Cita:
Tipo de objeto: Ornamento
Materia prima: Conchas, dientes
Cultura: Teotihuacana
Procedencia: Teotihuacan, Edo. de México
Clásico Temprano (200-300 d.C)


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Teotihuacan pudo sucumbir por grupos concentradores de riquezas

Teotihuacan pudo sucumbir por grupos concentradores de riquezas

George Cowgill fue homenajeado en Teotihuacan

Comenzó la 5ª Mesa Redonda de Teotihuacan


Homenaje al profesor emérito de la Universidad de Arizona

Teotihuacan en Línea-INAH. La enorme acumulación de poder y riqueza por parte de las élites, a expensas de un gobierno central, pudo ser uno de los motivos del decaimiento del Estado teotihuacano hacia el siglo VI d.C., según formuló el doctor George L. Cowgill, profesor emérito de la Universidad de Arizona, Estados Unidos, luego de recibir un homenaje, con el cual dieron comienzo las jornadas académicas de la 5ª Mesa Redonda de Teotihuacan.El reconocido arqueólogo, cuyos aportes son imprescindibles para comprender la evolución de esta urbe en sus ocho siglos de historia (150 a.C. - 650 d.C.), propuso sus disertaciones como un motivo de reflexión y debate para los más de 120 especialistas que se reúnen la víspera en este foro organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), y que concluirá el próximo viernes 28 de octubre.Tras recibir un diploma y una estatuilla prehispánica de manos de Alfonso de Maria y Campos, director general del INAH, Cowgill dictó la conferencia magistral: Una historia especulativa de Teotihuacan, en la que refirió que esta gran urbe de Mesoamérica debió regirse en sus orígenes (150 – 1 a.C.) bajo un sistema más o menos igualitario entre varios grupos, un orden de gobierno que cambió en los primeros dos siglos de nuestra era.La erección de Teotihuacan, dijo, pudo resultar de la unión de diversos grupos para defenderse contra la temprana ciudad de Cuicuilco, ubicada al sur de la Cuenca de México, de manera que probablemente las prácticas políticas fueran bastante igualitarias en los comienzos de la llamada “Ciudad de los Dioses”.“Posteriormente, durante los primeros dos siglos después de Cristo, la ciudad siguió creciendo y hubo una explosión de construcciones audaces y pirámides inmensas, así como otras edificaciones cívico-ceremoniales, todo esto dio como resultado el complejo monumental más grande e impresionante de toda Mesoamérica”, expresó.De acuerdo con George Cowgill, quien en los años 80 participó en el Proyecto de Mapeo de Teotihuacan, así como en las excavaciones en el Templo de la Serpiente Emplumada, durante ese periodo que comprendió los siglos I y II d.C., es posible que ascendiera “una serie de gobernantes poderosos, ambiciosos y muy talentosos, quienes desestabilizaron las instituciones igualitarias para cohesionar este cambio”. Sin embargo, alrededor del siglo III d.C., como lo llevan a pensar distintas evidencias arqueológicas, entre ellas la destrucción profana del Templo de la Serpiente Emplumada, se dio una reacción en contra de este Estado despótico y se introdujeron prácticas colectivas más formalizadas de gobierno.“En las fases Tlamimilolpa (225-350 d.C.) y Xolalpan (350-550 d.C.), la estructura que estaba encima del Templo de la Serpiente Emplumada fue quemada y la pirámide fue dañada en grados extremos, es difícil pensar que se trató de un acto ritual para la renovación del edificio. Es más probable que fuera una destrucción profana. En lugar de construir una pirámide todavía más grande para cubrir la anterior, se llevó a cabo una nueva, de tipo escalonado, con un tamaño suficiente para ocultar la mayor parte del frente del templo previo, pero no lo suficiente para cubrir los daños en ella. Esto sugiere un fuerte repudio hacia lo que representaba el templo anterior”, anotó el Dr. Cowgill, coeditor del libro El colapso de los Estados antiguos y las civilizaciones.Para el siglo VI, continuó, Teotihuacan ya estaba en declive y la población de la ciudad, que en su auge llegó a tener 100 mil habitantes, decayó. Es probable que las élites acumularon tanto poder y riqueza a expensas del gobierno central, que el Estado ya no podía funcionar bien”.Una centuria más tarde, concluyó Cowgill, el centro cívico ceremonial fue destruido en una conflagración y el Estado teotihuacano colapsó, la cultura material subsecuente muestra poca conexión con la otrora megalópolis. Los antiguos barrios ubicados en la periferia de la ciudad recibieron probablemente migraciones venidas del Occidente.Por su parte, De Maria y Campos, titular del INAH, al inaugurar la 5ª Mesa Redonda de Teotihuacan, destacó la importante inversión que el Instituto ha realizado en esta zona arqueológica del Estado de México, tanto en proyectos de investigación como en la renovación de infraestructura y en la creación de un Plan de Manejo. Asimismo, dio a conocer que se adquirirán varias hectáreas del sitio.Por su parte, Eduardo Matos Moctezuma, investigador emérito del INAH, se congratuló de la continuidad de este encuentro, luego que la última Mesa Redonda de Teotihuacan tuviera lugar en 2005. También destacó el éxito internacional que ha tenido la exposición Teotihuacan. Ciudad de los dioses, que actualmente se presenta en Madrid, su última escala en Europa.Hasta el próximo viernes 28 de octubre, un centenar de expertos de México, Estados Unidos, Japón, Dinamarca, España, Francia, Ecuador y Reino Unido, expondrán sus más recientes estudios en torno a los temas: Grandes monumentos y planificación de la ciudad, Barrios y periferia, Grupos sociales, y Conservación, restauración y difusión del patrimonio arqueológico en Teotihuacan

George L. Cowgill estudió la carrera de Física en varias universidades de EE.UU, tales como la B.S. Universidad de Stanford (B.S. Stanford University, 1952), y la M.S. Universidad de Estado de Iowa (M.S. Iowa State University, 1954), antes de cambiarse a la carrera de Antropología, la cual cursó en A.M. Universidad de Chicago en 1956. Posteriormente obtuvo su título de Doctorado en la Universidad de Harvard en 1963.
Tomó cursos de Inglés y de Escritura Creativa, y ha tratado de forma persistente integrar los aportes, los planteamientos y las perspectivas de las ciencias y de las humanidades en su investigación.
Él está especialmente interesado en el estudio comparativo mundial de las sociedades antiguas urbanas en cuanto a sus aspectos sociales, políticos, económicos y en sus ideologías; le interesan particularmente los modelos explicativos del cambio que reconocen prácticas e intenciones de todas las acciones que realizan los individuos en sus contextos natural y social
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INAH edita edición del Códice Prehispánico

INAH edita edición del Códice Prehispánico

INAH presentó una edición facsimilar de este documento pictográfico hecho en el siglo XIV o en los albores del XV, que se resguarda en la Biblioteca Nacional de Antropología e HistoriaLa publicación se complementa con un estudio que arroja nuevos datos sobre el gobernante mixteco 8 Venado, personaje central del manuscrito
Teotihuacan en Línea.-INAH. Resguardado celosamente en bóveda de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH), el Códice Colombino, el único de origen prehispánico que se conserva en México, ahora está al alcance de todos mediante una edición facsimilar, que se complementa con una exhaustiva investigación que arroja nuevos datos sobre el gobernante mixteco 8 Venado, personaje central de este documento pictográfico.La publicación de la copia fiel de esta obra antigua, compuesta por 24 hojas —que en conjunto y extendidas rebasan los seis metros de largo—, fue presentada la víspera en la BNAH, como resultado de un esfuerzo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) por facilitar a investigadores e interesados, este manuscrito hecho en el siglo XIV o en los albores del XV.El doctor en Estudios Mesoamericanos, Manuel A. Hermann Lejarazu, llevó a cabo una profunda investigación sobre el Códice Colombino, que coincide y complementa los estudios previos sobre el documento, como los realizados en 1912 por el inglés James Cooper Clark, y los hechos en los años 60 por el arqueólogo Alfonso Caso.Pese a haber sido creado en los siglos XIV o XV d.C., este documento prehispánico refiere las hazañas del gobernante 8 Venado, Garra de Jaguar, quien nació en el poblado de Tilantongo, en la Mixteca Alta de lo que hoy es Oaxaca, en 1063 d.C., y logró consolidar su poder hacia 1101 d.C.Del porqué la historia de dicho soberano fue plasmada un par de siglos después en las pictografías del Códice Colombino, el especialista sostuvo que para los mixtecos de la época prehispánica, era importante la legitimidad de sus gobernantes, conocer su linaje, así fueran hechos pasados, de manera que esta historia de la realeza mixteca logró perdurar más allá de la conquista española.Dedicado desde hace 18 años a la interpretación de los códices mixtecos prehispánicos, Manuel A. Hermann “amarró” datos que le llevan a proponer nuevos sitios que estuvieron bajo la influencia de 8 Venado, y que aparecen asentados en el Códice Colombino a manera de glifos; además de abundar en un aspecto soslayado en anteriores estudios, la parafernalia ritual que envolvió a este gobernante.El soberano 8 Venado fue el arquitecto y fundador del imperio de Tututepec en la Mixteca de la Costa que, incluso, llegó a rivalizar siglos después con el imperio mexica.Entre las nuevas aportaciones de Manuel A. Hermann, está la identificación de un par de glifos que corresponden a lugares que permanecen hasta el día de hoy: Huaxpaltepec (Cerro de la Iguana) y Tetepec (Cerro de Piedra), que también estuvieron bajo la influencia de Tututepec.Tras fundar Tututepec, 8 Venado regresó a su natal Tilantongo para consolidar su reino y convertirlo a principios del siglo XII en un poderoso centro político e ideológico, “allí se sumaron varios poblados, entre ellos Cuauhtla (al norte de Oaxaca) y la Peña del Cielo de Apoala, cuyos glifos también he podido identificar y anexar a la nueva investigación que acompaña la versión facsimilar del Códice Colombino”, dijo el experto.En su estudio titulado Una nueva historia de un antiguo gobernante, quizás una de las contribuciones más destacadas del investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), es ahondar en el ámbito ritual en que estuvo inmerso Garra de Jaguar, considerando que en Mesoamérica lo ritual-religioso, estaba unido a lo político-militar.“En el Códice Colombino aparecen dos sacerdotes —los cuales no fueron identificados por Alfonso Caso en su análisis de los años 60— que ayudan a 8 Venado en el terreno de lo divino, es decir, a acceder a un plano en el que se legitima el poder terrenal. Uno de ellos es 10 Viento, un jorobado; cabe mencionar que en Mesoamérica las personas con estas características físicas eran consideradas sobrenaturales.“El otro sacerdote es 1 Lagarto. Ambos —10 Viento y 1 Lagarto— fortalecen a 8 Venado en este aspecto, ayudándole a tener contacto con la diosa 9 Caña, ‘Señora de las Puntas de Flecha’, vía el autosacrificio, la ingesta de ciertas sustancias y otros ritos realizados en cuevas, lugares vinculados al inframundo. A cambio, la deidad toma bajo su protección a 8 Venado”.En opinión de Hermann Lejarazu, los estudios anteriores dedicados al Códice Colombino “han ponderado la actitud guerrera, las actividades militares de 8 Venado, dejando de lado la riqueza que también tiene este personaje en el terreno de lo religioso, aspecto fundamental dentro de la ideología mesoamericana, pues no se podía concebir a un gobernante sin tener el poder de lo sagrado. Era imposible”.Respecto a las investigaciones previas del Códice Colombino, el investigador explicó que James Cooper Clark dilucidó muchos aspectos de la vida de 8 Venado que están señalados en este documento prehispánico: su ascendencia, sus conquistas, personajes con los que tuvo algún vínculo, pero se equivocó al suponerlo un gobernante zapoteco.Por su parte, Alfonso Caso, ya habiendo realizado hallazgos importantes de la cultura mixteca, como la Tumba 7 de Monte Albán, y a partir de la lectura de un mapa del siglo XVI, pudo dilucidar la verdadera filiación del códice.Alfonso Caso expuso que el Colombino forma parte de un corpus de códices mixtecos que se hallan en el extranjero: Nuttal (Museo Británico de Londres), Vindobonensis (Biblioteca Nacional de Viena), Bodley y Selden (Biblioteca Bodleiana de Oxford), y Becker I (Museo Etnográfico de Viena), inclusive, este último es la continuación del Colombino.El Códice Colombino se interrumpe en el momento que 8 Venado se embarca hacia el oriente para hablar con el “Señor del Sol”, 1 Muerte; este viaje a otro mundo continúa en el Códice Becker I. Pero, en una página intercalada en el Colombino, se observa la muerte de 8 Venado a manos de un ser surgido de la tierra que le clava un cuchillo de pedernal. El deceso se ubica en 1115 d.C., cuando el gran guerrero contaba con 52 años, cifra que en Mesoamérica representaba el término de una era







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Teotihuacan asombra a España

Teotihuacan asombra a España La exposición Teotihuacan. Ciudad de los Dioses fue inaugurada en el Forum La Caixa de Barcelona Teotihuacan en Línea. INAH. Tras su exhibición en México y continuar desde hace un par de años una exitosa itinerancia por Europa, con la que ha registrado una afluencia de más de medio millón de visitantes, la magna exposición Teotihuacan. Ciudad de los Dioses se presenta a partir de hoy y hasta julio próximo en Barcelona, España; posteriormente irá a Madrid.La muestra, que da testimonio del esplendor de una de las civilizaciones más importantes de Mesoamérica, está integrada por 395 piezas, entre las que destacan esculturas de piedra, estatuillas de obsidiana, máscaras rituales de turquesa, pintura mural y joyería, que han sido halladas a lo largo de un siglo de exploraciones en la Zona Arqueológica de Teotihuacan, en el Estado de México.La exposición, organizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), se inauguró hoy en el Forum La Caixa de Barcelona, con la presencia de Diana Magaloni Kerpel, directora del Museo Nacional de Antropología.Teotihuacan. Ciudad de los Dioses permanecerá hasta el próximo 3 de julio en este recinto, que representa la penúltima sede que albergará la exhibición, para finalmente presentarse en Madrid en julio venidero.De entre los casi 400 objetos prehispánicos, reunidos por primera ocasión, destacan aquellos localizados a principios del siglo pasado en exploraciones dirigidas por Leopoldo Batres, hasta aquellos que fueron hallados recientemente en el Palacio de Xalla, al norte de la Pirámide del Sol.Entre ellos se incluyen, el Gran Jaguar de Xalla, que es una fachada escultórica que conserva gran parte de su policromía, y el llamado Disco de la Muerte, figura en piedra que alude al misterioso fin de esta antigua civilización.También se exhiben figurillas, orejeras, pendientes y cuentas esféricas, halladas —entre 1998 y 2004— en ofrendas con sacrificios de consagración que se realizaron en tiempos prehispánicos durante las diferentes etapas de construcción de la Pirámide de la Luna. Teotihuacan. Ciudad de los Dioses revela al público barcelonés ocho siglos de historia de esta urbe prehispánica, que llegó a ser la sexta ciudad más grande del mundo en su tiempo (150 a.C. a 650 d.C.), alcanzando un área de 20 kilómetros cuadrados y 100 mil habitantes, sólo detrás de Constantinopla y Alejandría.La museografía de esta magna exposición aborda temáticas como: ideología, poder, arte, sociedad, religión, guerra, tradiciones, vida cotidiana. Así mismo destaca el urbanismo y la arquitectura de esta civilización mesoamericana, cuya ciudad fue planeada a partir de la observación de los astros, de tal manera que sus constructores trazaron un eje principal (la Calzada de los Muertos), cuatro barrios y una serie de conjuntos habitacionales. Otros de los aspectos que muestra la exhibición a esta metrópoli catalana, son las distintas expresiones que caracterizaron al arte teotihuacano, como la escultura de gran formato y la pintura mural, en las que plasmaron aves mitológicas, representaciones de Tláloc (dios de la lluvia) y elementos vinculados con la guerra.Así mismo, el recorrido incluye los aspectos religioso y mítico que tuvo esta urbe precolombina, a través de las principales deidades teotihuacanas: Tláloc, Quetzalcóatl, Chalchitlicue, y los rituales celebrados en honor a los dioses, como el sacrificio y el Juego de Pelota.De los casi cuatro centenares de objetos arqueológicos que se exhiben, 95% pertenecen a los acervos de museos y zonas arqueológicas bajo custodia del INAH, y el resto a museos etnográficos alemanes y al Quai Branly, de Francia.Tras su estancia en Barcelona, la exposición Teotihuacan. Ciudad de los Dioses se trasladará en julio próximo al Forum La Caixa de Madrid, España, recinto que será el último sitio donde se presentará, luego de más de dos años de largo viaje
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