Arquitectura Prehispánica


Arquitectura Prehispánica


El estudio integral de la arquitectura prehispánica debe incluir tanto los espacios interiores –importantes para cubrir las funciones básicas– como los exteriores, principalmente los espacios cívicos, religiosos y, claro está, los monumentales. Asimismo, en el diseño de los espacios exteriores se requirió de elementos arquitectónicos que los delimitaran tanto a escala humana como cosmogónica



Juan Antonio Siller Camacho. Teotihuacan en Línea. El estudio de la arquitectura prehispánica se ha realizado tradicionalmente desde la perspectiva de la “historia de los estilos”, en especial gracias a los enfoques y publicaciones de los historiadores, arqueólogos, historiadores del arte e incluso arquitectos más inclinados a esta formación y metodología. Se han resaltado más los valores formales y estéticos que los históricos y arqueológicos, y se ha abordado a la arquitectura en forma parcial, es decir, como una obra de arte única, que regularmente se estudia en forma aislada y descontextualizada de su entorno cultural y natural.
Generalmente, en los estudios se hacen descripciones de atributos plásticos, formales y decorativos. En pocas ocasiones se habla del edificio en su conjunto y en la mayor parte de los casos sólo se hace un análisis de las fachadas principales, sin mencionar los edificios asociados, las plazas, los patios, etc., relacionados directamente con la obra, y menos aún se habla de las características y relaciones con el medio, la topografía, etc.
La arquitectura no se ha estudiado en forma integral, incluyendo sus valores estéticos, históricos y funcionales, y se ha dejado de lado, en la mayor parte de los casos, la arquitectura utilitaria, doméstica y no monumental, lo cual no nos permite entender en conjunto las diversas formas sociales de la producción arquitectónica prehispánica.
El enfoque equivocado de esos estudios no permite ocuparse del aspecto fundamental de la arquitectura, lo que constituye su materia prima, que es el espacio arquitectónico.
En la arquitectura prehispánica se argumenta la existencia o inexistencia del espacio interior de la arquitectura, y se ha olvidado que en esas culturas la creación de espacios interiores era importante para cubrir sus funciones básicas, pero la creación de espacios exteriores fue mucho más relevante, particularmente en los espacios cívicos, religiosos y, claro está, en los espacios arquitectónicos monumentales.
El diseño de los espacios exteriores requirió de elementos arquitectónicos que los delimitaran tanto a escala humana como cosmogónica. Por ello la integración de esta arquitectura con su entorno natural es fundamental como principio y motivo de su creación original. Así, la arquitectura prehispánica reconstruye el espacio cósmico sagrado de los dioses.


APROPIACIÓN DE LOS ESPACIOS NATURALES
El origen de la arquitectura se encuentra en la apropiación de los espacios naturales, que fueron utilizados por los primeros habitantes que poblaron el continente americano. Por ejemplo, el hombre habitó en las cuevas –abrigos naturales– y representó en ellas en forma pictórica las primeras escenas de su vida cotidiana, con lo cual creó la primera expresión artística: el arte rupestre. Como sabemos, los espacios fueron modificados al poner barreras de protección contra agentes naturales como el viento y el frío. De esta forma se crearon los primeros elementos arquitectónicos, con el fin de mejorar las condiciones de vida. En esos sitios, los primeros espacios interiores habitados, se llevaron a cabo las tareas básicas de protección, alimentación, almacenamiento y trabajo, además de actividades de culto y de carácter funerario.
Esta primera etapa, que podemos definir como de apropiación de espacios naturales, fue cambiando conforme se desarrolló el hombre, y se transformó en una etapa que sería propiamente la de la producción de espacios artificiales y de creación arquitectónica.

PRODUCCIÓN Y CREACIÓN DE ESPACIOS ARQUITECTÓNICOS
El hombre requirió de una larga experimentación para la producción de espacios artificiales, y así satisfacer sus necesidades de protección y de habitación, y conocer el medio circundante; asimismo, tuvo que aprender a obtener los recursos y los conocimientos tecnológicos necesarios para producir esos espacios. Esos primeros grupos tenían una gran movilidad en un amplio territorio y obtenían sus recursos de subsistencia de este microambiente o nicho ecológico; esa movilidad probablemente requirió de la construcción de espacios simples de protección, con base en barreras exteriores: pieles, cubiertas vegetales y bloques de hielo en la zona ártica.
El desplazamiento de esos grupos a otras latitudes implicó que tuvieran que adquirir nuevos conocimientos y recursos para solucionar problemas climáticos, topográficos, etc., para lo cual tuvieron que apoyarse en su experiencia anterior, transmitida en forma oral, lo cual generó una tradición constructiva que desarrolló nuevas tecnologías.


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